Ya casi nada queda de la profusión de frutos del verano. Ha llovido mucho y preparamos la tierra para la verdura de invierno.
Acabamos de preparar la tierra para plantar alcachofas, habas, guisantes, tirabeques, patatas, acelgas, coles y coliflores.
Algunos caracoles se esconden como pueden para poner los huevos en la tierra. Las coles que apenas tienen cuatro hojas, ya están mordisqueadas por la acción de los caracoles.
Vamos a hacer un cinturón de cenizas, que rescataremos de la barbacoa y de la chimenea.
Da gusto hundirse un poco en la tierra, cuando hace tan solo dos meses, todo estaba tan seco.
Ahora las ortigas salen a millares, no hay que dejarlas avanzar, y estamos todo el día con la azada, ya que no queremos usar ninguna clase de productos químicos.
La tierra tiene algo de maravilloso y se interactua con ella, da paz, serenidad y hasta diría que felicidad.
Estás deseando tras desayunar y comprar el pan y el diario, cambiarse de ropa y trabajar aunque solo sea una hora, siempre hay algo que hacer.
Estamos cogiendo las últimas berenjenas y tomates, y cuando se arranquen ya nada quedará del verano. Ah, me olvidaba las cebollas, que plantamos para nuestro yerno, a nosotros no nos va nada la cebolla, la encontramos demasiado ácida, hasta las dulces.






